Saturday, 1 August 2009

Cantando bajo la lluvia: ¡Sí, sí, sí! ¡No, no, no!

Si hay una película clásica en la que el sonido es fundamental es sin duda Cantando bajo la lluvia. Vale, es un musical, así que es obvio que el sonido es importante, pero su papel en la historia va mucho más allá de eso. De hecho, diría que es uno de los pocos filmes de Hollywood en el que el protagonista es el sonido.

Vayamos por partes. Primero, la trama transcurre en los albores del cine sonoro, centrándose en un estudio que pretende convertir a la pareja protagonista de sus exageradas y aparatosas películas mudas en las primeras estrellas de la era sonora. Obviamente, los retos técnicos y artísticos son muchos, y muchos gags se basan en esas complicaciones relacionadas tanto con problemas puramente prácticos (microfonía, sincronización, etc.) como con problemas creativos (especialmente los gestos artificiales de los actores y la horrible voz de la heroína).

En esta primera secuencia podéis ver los embrollos absurdos que provoca la engreída y torpe protagonista por ser absolutamente incapaz de hablar hacia el micro. La parte en la que escucha el latido de su corazón en lugar del diálogo es fantástica.



La segunda secuencia del filme que más explota la relación entre imagen y sonido me sigue pareciendo magistral por muchas veces que la vea. Los responsables de la película hacen un pase a modo de premiere y comprueban que el drama romántico que han rodado no hace más que provocar carcajadas en el público. Las razones principales son tres: un sonido absolutamente artificial y exagerado, la chillona voz de la estrella femenina y las actuaciones absolutamente falsas de los actores. No obstante, lo que me sigue pareciendo de una modernidad inmensa es ese fragmento, a partir de 3:00, en el que la película se desincroniza.



Incluso la resolución de la historia se basa en el sonido, pero no explicaré el final de la película. :)

A todo esto debo añadir que Cantando bajo la lluvia es una de mis películas favoritas desde pequeña. Siempre decía que cuando tuviéramos un vídeo era lo primero que quería ver, y recuerdo que cuando mis padres compraron por fin un vídeo betamax (en algún momento de los 80, supongo, no sabría decir cuándo), alquilaron precisamente esta película para que la viera.

Con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que me fascinaba porque era postmoderna, por lo menos en comparación con el tipo de cine que estaba acostumbrada a ver en aquella época. Sigo pensando que Stanley Donen era un director extraordinariamente moderno, ¿cómo olvidar esa oda a la fragmentación titulada Dos en la carretera? Por cierto, uno de sus últimos trabajos fue un episodio de Luz de luna, serie postmoderna donde las haya, y germen en muchos sentidos de las series de televisión americanas actuales.

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