Tuesday, 19 February 2008

Sons & Lumières

La exposición “Sons & Lumières: Une histoire du son dans l'art du XXe siècle”, tuvo lugar entre 2004 y 2005 en el Centre Pompidou de París, lo que sigue a continuación es una traducción del texto informativo de la propia página del museo:

En su poema Correspondencias, Baudelaire escribía “los colores, los perfumes y los sonidos se responden”.

El siglo XX, a menudo considerado como un momento de convergencia y de diálogo entre las diferentes artes, ha apreciado repetidamente esa idea. Las artes de la luz, el cine y el vídeo ofrecen a lo largo de todo el siglo un terreno de investigación particularmente fértil para las confrontaciones entre la imagen y el sonido. En el centro de las preocupaciones contemporáneas, el movimiento de interacción de lo visual y lo sonoro expresa una evolución fundamental de la expresión artística.

Recorriendo todo el siglo XX, la exposición "Sons et Lumières" intenta evidenciar los momentos cumbres de esta historia.

"Sons et Lumières" es un proyecto de envergadura que aparece después de la exposición "Vom Klang der Bilder" de Stuttgart en 1985, como la manifestación más amplia consagrada a las relaciones entre el sonido y las artes plásticas en el siglo XX, hasta nuestros días.

Instalada en un espacio de 2.100 m2, reúne más de 400 obras. Además de las obras de artistas prestigiosos (Joseph Beuys, John Cage, Marcel Duchamp, Oskar Fischinger, Rodney Graham, Brion Gysin, Raoul Hausmann, Gary Hill, Vassily Kandinsky, Paul Klee, František Kupka, La Monte Young y Marian Zazeela, Piet Mondrian, Bruce Nauman, Georgia O'Keeffe, Christian Marclay, Yoko Ono, Nam June Paik, Francis Picabia, Jackson Pollock, Robert Rauschenberg, Hans Richter, Luigi Russolo, Arnold Schönberg, Paul Sharits, Bill Viola, James & John Whitney...) el público tendrá la oportunidad de descubrir experiencias menos conocidas con artistas que han jugado un papel fundamental: Boris Bilinsky, Stuart Davis, Arthur Dove, Duncan Grant, Ben Laposky, Alexander László, Thomas Wilfred... Muchas de las piezas no han sido expuestas nunca en Francia.

En el recorrido se abordan sucesivamente tres áreas temáticas que representan tres aspectos importantes del diálogo llevado a cabo en el siglo XX entre lo visual y lo sonoro.

La primera parte explora el desarrollo de las “correspondencias” de Baudelaire, a partir de una abstracción pictórica marcada, como la de Kandinsky o Klee, por la inmaterialidad de la música. Inmediatamente, la pintura se libera progresivamente de su soporte fijo para convertirse en colores en movimiento y ganar la dimensión temporal, gracias a los famosos ‘órganos cromáticos’, una idea lejana que se remonta a la época barroca, a discos, juegos de luz y otros dispositivos, hasta llegar a las primeras obras maestras del cine abstracto.

Las obras abstractas presentadas en la primera parte exprimen la búsqueda de analogías musicales encontrando a veces apoyo en un acompañamiento instrumental. Su campo de referencia se amplía al de la música clásica (Bach constituye un modelo permanente) a composiciones de vanguardia (Schönberg), hasta el jazz y el boogie-woogie.

En la segunda parte de la exposición se aborda un universo sensiblemente diferente: aquel en el que la idea de materializar el sonido (a través de su trascripción, su huella, su conversión en el sentido en el que la interpretan los nuevos medios eléctricos) conduce a convertir las vibraciones sonoras en una de las materias primas de la obra.

Desde los años 20, el cine consigue, con la invención de la pista sonora, fotografiar el sonido. Células fotoeléctricas y osciloscopios son utilizados en las obras con carácter experimental, apostando por la traducción eléctrica directa entre sonido e imágenes.

En los años 60-70 se renueva la problemática delicadamente, desarrollando la forma del entorno: la obra se convierte en un dispositivo de recepción global sumergiendo al espectador en la experiencia física de las vibraciones sonoras y luminosas.

Se hace referencia a una suspensión de la conciencia próxima al sueño, ciertos artistas invitan a una experiencia meditativa: las ondas, sonoras o luminosas, definen el vocabulario de un nuevo paisaje audiovisual, abierto a la plenitud de la experiencia sensorial.

Otros artistas, en respuesta, utilizan la energía y la fuerza de la presión de las ondas acústicas hasta los límites de la tolerancia de los sentidos.

En esta época, la idea de escritura del sonido se releva en las primeras obras de vídeo-arte, que abren un juego audaz con las interferencias entre las señales sonoras y visuales, marcando la llegada de nuevos lenguajes visuales.

Finalmente, la tercera parte es una forma de interrogación. Dando la palabra al ‘ruido’ explorado por los futuristas, John Cage y el movimiento Fluxus, se exponen los aspectos más iconoclastas de la temática. Las obras presentadas se usan para deshacer el mito de las correspondencias con mucha ironía: el azar y los accidentes dictan la interferencia entre las artes y conducen en última instancia a la experiencia del silencio, reanudando lo que fue la última respuesta de John Cage a la “música del mundo”.

Con estas instalaciones totalmente contemporáneas, que se inscriben dentro de reflexiones presentes a lo largo de todo el recorrido, la exposición ofrece un epílogo anclado plenamente en el siglo XXI, dejando la puerta abierta a nuevas interpretaciones.

Acompañada de una obra de referencia con muchas ilustraciones, que presenta una lectura científica y crítica de estas cuestiones, la exposición ofrece una verdadera revisión de las afinidades entre las artes visuales y las artes del sonido, que construyen la sensibilidad audiovisual de nuestro tiempo.

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+info

Dans son poème Correspondances, Baudelaire écrivait "les couleurs, les parfums et les sons se répondent".

Le XXe siècle, souvent considéré comme un moment de convergence et de dialogue des arts, a abondamment décliné ce credo. Les arts de la lumière, le cinéma et la vidéo offrent tout au long du siècle un terrain d'investigation particulièrement fertile aux confrontations entre l'image et le son.

Au coeur des préoccupations contemporaines, le mouvement d'interaction du visuel et du sonore exprime une évolution fondamentale de l'expression artistique.

Couvrant tout le XXe siècle, l'exposition "Sons et Lumières" se propose de mettre en évidence les moments forts de cette histoire.

Projet d'envergure, "Sons et Lumières" apparaît, depuis l'exposition "Vom Klang der Bilder" à Stuttgart en 1985, comme la plus grande manifestation consacrée aux relations entre le son et les arts plastiques au XXe siècle, à ce jour.

Etalée sur près de 2100 m2, elle réunit plus de 400 oeuvres. Outre les oeuvres d'artistes prestigieux (Joseph Beuys, John Cage, Marcel Duchamp, Oskar Fischinger, Rodney Graham, Brion Gysin, Raoul Hausmann, Gary Hill, Vassily Kandinsky, Paul Klee, František Kupka, La Monte Young et Marian Zazeela, Piet Mondrian, Bruce Nauman, Georgia O'Keeffe, Christian Marclay, Yoko Ono, Nam June Paik, Francis Picabia, Jackson Pollock, Robert Rauschenberg, Hans Richter, Luigi Russolo, Arnold Schönberg, Paul Sharits, Bill Viola, James & John Whitney...) le public aura l'occasion de découvrir des expériences moins connues avec des artistes au rôle pourtant essentiel : Boris Bilinsky, Stuart Davis, Arthur Dove, Duncan Grant, Ben Laposky, Alexander László, Thomas Wilfred... Beaucoup de ces oeuvres n'ont jamais été exposées en France.

Trois parties thématiques sont successivement abordées dans le parcours. Elles rendent compte de trois aspects majeurs du dialogue poursuivi au XXe siècle entre le visuel et le sonore.

La première partie explore le devenir des "correspondances" baudelairiennes, à partir d'une abstraction picturale tentée, comme chez Kandinsky ou Klee, par l'immatérialité de la musique. Très tôt, la peinture s'affranchit progressivement de son support fixe pour devenir couleur en mouvement et gagner la dimension temporelle, grâce aux fameux "orgues chromatiques", dont l'idée lointaine remonte à l'époque baroque, et aux rouleaux, jeux de lumière et autres dispositifs jusqu'aux premiers chefs-d'oeuvre du cinéma abstrait.

Les oeuvres abstraites présentées dans la première partie expriment la recherche d'analogies musicales trouvant parfois appui sur un accompagnement instrumental. Leur champ de référence s'étend de la musique classique (Bach constitue un modèle permanent) aux compositions d'avant-garde (Schönberg), jusqu'au jazz et au boogie-woogie.

Dans la deuxième partie l'exposition aborde un univers sensiblement différent : celui où l'idée de matérialiser le son (par sa transcription, son empreinte, sa conversion au sens où l'entendent les nouveaux moyens électriques) conduit à faire des vibrations sonores l'un des matériaux premiers de l'oeuvre.

Dès les années 1920, le cinéma procède, avec l'invention de la piste sonore, à la "photographie du son". Cellules photoélectriques et oscilloscopes sont pris à partie dans des oeuvres à caractère expérimental, misant sur la traduction électrique directe entre sons et images.

Les années 1960-70 renouvellent en profondeur la problématique, en développant la forme de l'environnement : l'oeuvre devient un dispositif de perception global plongeant le spectateur lui-même dans l'expérience physique des vibrations sonores et lumineuses.

Se référant à la suspension de la conscience propre au rêve, certains artistes invitent par là même à une expérience méditative : les ondes, qu'elles soient sonores ou lumineuses, définissent le vocabulaire d'un nouveau paysage audiovisuel, ouvert à la plénitude de l'expérience sensorielle.

D'autres artistes, en revanche, utilisent l'énergie et la force de pression des ondes acoustiques jusqu'aux limites de la tolérance des sens.

A cette époque, l'idée d'écriture du son est relayée par les premières oeuvres d'art vidéo, qui tirent un parti audacieux des interférences entre les signaux sonores et visuels, marquant l'avènement de nouveaux langages audiovisuels.

La troisième partie enfin, est en forme d'interrogation. Donnant la parole au "bruit" exploré par les futuristes, à John Cage et au mouvement Fluxus, elle expose les aspects les plus iconoclastes de la thématique. Les oeuvres présentées s'emploient à défaire le mythe des correspondances avec force ironie : hasards et accidents dictent l'interférence entre les arts et conduisent en dernière instance jusqu'à l'expérience du silence, renouant avec ce qui fut la réponse ultime de John Cage à la "musique du monde".

Enfin, avec quelques installations très contemporaines, qui s'inscrivent dans les réflexions retracées tout au long du parcours, l'exposition offre un épilogue ancré de plain pied dans le XXIe siècle, laissant la voie ouverte à de nouvelles interprétations.

Accompagnée d'un ouvrage de référence abondamment illustré, présentant une lecture scientifique et critique de ces questions, l'exposition offre un véritable bilan des affinités entre les arts visuels et les arts du son, qui ont construit la sensibilité audiovisuelle de notre temps.

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